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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Pues sí, llegamos a Cochabamba

De nuestro paso por Cochabamba dan fe unas cuantas fotos de todos los carteles en los que aparecía el nombre de la ciudad (que son muchos), unas molestas agujetas en los gemelos (nos dijeron que sólo había 300 escalones desde el Cristo de la Concordia... ¡fuleros!) y unas bonitas quemaduras de segundo grado en nuestras narices y escotes que acentúan nuestro grado de guirismo en este pequeño gran país.

Pues sí, llegamos a Cochabamba. No una sino dos veces. Y vamos a por la tercera (Evo querido, ¿no podías votar en la capital como todos los presidentes?) De momento, no podemos decir que la 'ciudad de la eterna primavera' nos recibiera con los brazos abiertos...


... en contra de lo que pueda parecer.

Nuestra primera incursión en Cochabamaba tuvo que ver con la época de lluvias y el mal estado de las carreteras, pero no entraremos en detalles para no herir la sensibilidad de algunos de nuestros lectores (¡hola mamá!). Lo dejaremos en que era mucho más práctico dar un rodeo y pasar por Cochabamaba para ir de Potosí a Santa Cruz que hacer el camino normal pasando por Sucre. Así que Sucre -por cierto, capital constitucional de Bolivia, de lo que se entera uno...- para otra vez. Mientras... ¿querías Cochabamba? Pues toma dos tazas.

La segunda vez ya pudimos constatar que Cochabamba es una ciudad bonita, aunque un poco descuidada, y bastante animada. Allí pudimos reencontrarnos con Doris, compañera de batallas (y de todo terreno) en el salar de Uyuni, que nos invitó a un café y pastelitos alemanes y nos regaló unas pastas para el viaje.

Y por supuesto, no nos fuimos sin realizar nuestro particular homenaje a los caídos por la causa...

Y hablando de homenajes...

Triángulo de amor bizarro


Mucho antes de llegar a Cocha (afortunadamente aquí hasta las ciudades tienen diminutivo), nos despedimos de nuestra trilliza. La despedida fue casi tan bizarra como nuestro triángulo de amor viajero y estuvo acompañada de una nebulosa que debemos achacar a los más de mil kilómetros que nos hicimos en 4x4 atravesando el desierto y sin pisar una sola carretera durante los tres días anteriores. Y al soroche, por supuesto.

En Uyuni Carla nos dijo adiós y puso rumbo a sus obligaciones...

Ains, ¡cómo te echamos de menos ruuuuuubiaaaaaa!