domingo, 6 de diciembre de 2009

Bienaventurados los impúdicos...

...porque tras dos días de frenético ritmo electoral estamos convencidas de que ellos heredarán la tierra

Antes de nada, queremos compartir con vosotros nuestra definición de impúdico. Para muestra, un botón. O mejor dicho, una perla hecha frase:

- Señorita de la Corte Electoral: "¿De qué medio vienen?"

- Mari Luz: "De El Economista y Público"

-Señorita con cara de extrañada: "¿Del economista impúdico?"

Pues sí. Algo impúdicas hemos sido estos días. Y no porque hayamos sido las protagonistas de hechos contra el decoro, sino porque le hemos echado más morro que en toda nuestra vida junta, con fantástico resultado. Disfruten con el relato...

Acto primero

Todo empezó una tarde en El Alto, barrio-ciudad emblemático donde los haya en Bolivia. Evo, muy vinculado a este lugar, lo eligió para cerrar su campaña... y por supuesto, allí fuimos nosotras. Al principio todo normal. Periodisteo sencillo, crónica de color y libres de trabajo a partir de las cinco de la tarde. Pero todavía quedaban tres horas para que apareciera el 'hermano presidente' ...y todo el mundo sabe que en tres horas puede pasar de todo.



Ambientazo

Pues bien, todo el mundo tiene razón, y cinco horas más tarde...

Ahí estábamos las periodistas impúdicas tomando chuflays en un antro de El Alto con prácticamente toda la plantilla de inspectores de trabajo de La Paz (doce para ser exactos, entre ellos un ex minero que parecía que le habían sacado la muela del juicio, pero no, era coca --hoja de coca, mamá--) después de haber bailado danzas aymaras sin parar y haber hecho tres congas con tropecientos funcionarios del Ministerio de Trabajo, otros tantos militantes del MAS y algún que otro despistado (hay fotos).

Nuestros 'anfitriones', no sólo no nos dejaron pagar ni uno sólo de los tragos que tomamos, sino que además nos escoltaron muy amablemente desde El Alto hasta nuestro hotel. Entre medias dio tiempo a que algunos de los presentes en el autobús de vuelta a casa entablaran una pequeña discusión sobre el Ejército boliviano que quedó zanjada con un sonoro:

- "SEÑORES, POR FAVORRRRRRRRRRR"

tras el cual todos los presentes en el vehículo agacharon la cabeza y musitaron: "perdón señorita"(menuda capacidad de resolución de conflictos tengo yo cuando me pongo).

Acto segundo


FLASHBACK: En el Palacio Presidencial. "¿Cómo? ¿Que no nos lleváis vosotros hasta Cochabamba para ir al viaje de prensa con Evo Morales? ¿Y cómo vamos hasta allí?
".

En ese momento no teníamos ni idea de cuán lejos llegaríamos para regresar a Cochabamba (por tercera vez). El viernes amaneció como cualquier otro día. Sin quitarse el pijama, Mari Luz decidió intentar por enésima vez que alguien de presidencia nos llevase a Cochabamba en avión y no tener que hacer de nuevo las malditas ocho (que luego son diez) horas de bus.

Dos minutos después...

-"¡¡¡MARIU!!! ¡¡Prepara la maleta!! En media hora tenemos que estar en el ministerio de Defensa. Ellos nos llevan a Cochabamba..."

Y así es como conocimos a nuestro querido Coronel (y no creo que a este le falte quien le escriba), una suerte de Sidney Poitiers boliviano con acento cruceño y muy pero que muy salao. De camino a El Alto (otra vez en El Alto, sí, hemos salido de allí tantas veces como de Cocha) y mientras hacía las veces de copiloto llevando el maletín del coronel en el regazo, me entero de que nos dirigimos a Cochabamba en viaje oficial para presenciar la entrega de unos tractores del Ejército... ¿¿¿¿UNOS TRACTORES????.

Pero antes, íbamos a ser testigos del aterrizaje en La Paz del primer avión de carga de la aviación boliviana. Pongo cara de espanto mientras pienso: "espero que Mari Luz le haya dicho al Coronel que nosotras sólo vamos para ver a Evo Morales el sábado". Trago saliva: en menos de cuatro horas teníamos que estar entregando dos piezas, una para P y otra para eE y antes de eso haber viajado a Cochabamba después de un cóctel con nosecuantos ministros en el aeropuerto y después disimular y hacer como si nos interesa cubrir la entrega de unos tractores donde ¡yesuscraist! perdió el sombrero.

Acto tercero

Miedo, intriga, dolor de barriga... Mientras aterriza el famoso avión, decido que en P y eE nunca me pagarán por morderme las uñas y que lo mejor es encender el ordenador y ponerme a trabajar en medio del hangar.
Porque yo trabajo en cualquier parte...

Cinco minutos más tarde...

"La batería está agotada. Conéctese inmediatamente a la red eléctrica"

Jarr, ¿qué hago? ¡Eureka! Voy a colarme en las oficinas de la aviación militar boliviana a enchufarme en cualquier sitio. Entro y pido permiso amablemente a una señora que casualmente pasaba por allí. Permiso concedido. Termino la pieza para eE y pienso, ¿por qué no mandarla de una vez? De nuevo saco la chica amable que hay en mi y otro señor que casualmente pasaba por allí me ofrece el cable para conectarme a internet. No va. Me dispongo a ser amable de nuevo pero no hay nadie que casualmente pase por allí. Me tomo la justicia por mi mano. Usurpo un ordenador de quién sabe qué empleado de la aviación militar boliviana. Abro explorer. Escribo: "uve doble, uve doble, uve doble, punto..." y automáticamente me lleva a la última página que fue abierta en ese ordenador "...putas punto com". Olvido lo que acabo de ver y mando la pieza. ¡Prueba superada!

Acto cuarto

Seguimos en La Paz y nos estamos poniendo finas a canapés en el coctel posterior al aterrizaje del primer carguero de la aviación boliviana. Es posible que haya empujado a un ministro para atrapar al vuelo un trozo de queso ante de subirme al avión que me llevará ¡¡¡por fin!!! a Cochabamba. ¡Toma ya! Lo conseguimos: volamos gratis a nuestro destino. Como compañeros de viaje, nada más y nada menos que el ministro de Defensa y el de Planificación.

Todos estos iban a ver tractores... nosotras ¡¡no!!

Ya en Cocha, dolor de barriga otra vez. Tenemos que entregar dos piezas para P en menos de dos horas. Con dos sonrisas de oreja a oreja nos acercamos al apuesto Coronel y le echamos más morro que espalda: "Tenemos un problema. Nos acaban de llamar que escribamos nosecuantas palabras más y que las entregemos en menos de una hora". Pucherito. Sonrisa. Pucherito.

El Coronel pone cara de póker. Se acerca a un teniente y le expone el tema. El teniente pone cara de póker. Se acerca a un capitán y le expone el tema. El capitán pone cara de póker. Se acerca a un general...

Diez minutos más tarde...

Nos encontramos escribiendo como locas desde los despachos de sendos militares que dan vueltas a nuestro alrededor mientras nos miran sin saber muy bien qué hacer. Uno de ellos aprovecha la coyuntura para echar una cabezadita. El otro no para de hacer preguntas de difícil respuesta:

- "¿Qué opinan de Bolivia?"

- "¿Qué les parece la lluvia?"

Unas horas más tarde estamos llegando a nuestro hotel en Cochabamba (después de ver la entrega de los tractores, por supuesto) en un taxi invitadas por dos simpáticos colegas colombianos. Uno de ellos, muy servicial, nos apunta sus datos: "para lo que queráis, si necesitáis información sobre Colombia, material... hotel XXX, habitación 406..." (¿¿¿necesito saber tu número de habitación para que me des información sobre Colombia???)

Acto quinto

Increíble viaje de prensa con Evo Morales en peregrinación a su tierra adoptiva, El Chapare (él vota allí). Almuerzo: trucha, trucha y más trucha con vistas a la montaña tropical. Un dato, Mari Luz y yo estábamos ya llenas y contentas después de darnos un atracón a pescado cuando descubrimos que eso era sólo el aperitivo (¡oh cielos!).

Nos invitó a una trucha que estaba rica rica

Termina el almuerzo y las periodistas impúdicas vuelven a la carga: "Tenemos que volver a Cochabamba esta tarde porque tenemos que entregar una pieza sobre esta comida y coger un avión a las ocho de la tarde". Sin dejar de sonreír, una afanada encargada de prensa de la prefectura cochabambina nos consigue al instante "una movilidad" consistente en un viaje de una hora en 4x4 con un chófer oficial, un guardaespaldas del 'hermano Presidente', un periodista encajado con nosotras en el asiento trasero y su cámara en el maletero.

De nuevo, prueba superada. Llegamos a tiempo para escribir la pieza, mandarla y sobró un ratín para tomarnos un par de jugos de frutas cada una antes de coger el avión de vuelta a La Paz

Acto sexto y último

Esperando el avión, aparece nuestro ya querido guardaespaldas. Como quien no quiere la cosa, comienza a contarnos divertidas anécdotas del 'hermano presidente', al que se nota que tiene bastante cariño: "Hoy, antes de llegar a la comida, se le antojó comer chicharrón y nos hizo parar a todos". También nos enseña fotos del presi jugando al fútbol.

Ya en La Paz, intercambianos teléfonos y nos despedimos hasta la próxima. La gran pregunta otra vez, ¿cómo volvemos al hotel sin pagar los 40 bolivianos (4 euros) que cuesta un taxi de El Alto a La Paz? Ponemos carusa y miramos a G., the bodyguard, de reojo. Él nos mira desde lejos. Pucherito otra vez. G. habla con sus compañeros y nos miran. Carusilla. G. se acerca. "¿Chicas, os llevamos?"

Y esta es la historia de cómo en la víspera de las elecciones llegamos a nuestro hotel en un coche presidencial.

Oh yeah!



miércoles, 2 de diciembre de 2009

Pues sí, llegamos a Cochabamba

De nuestro paso por Cochabamba dan fe unas cuantas fotos de todos los carteles en los que aparecía el nombre de la ciudad (que son muchos), unas molestas agujetas en los gemelos (nos dijeron que sólo había 300 escalones desde el Cristo de la Concordia... ¡fuleros!) y unas bonitas quemaduras de segundo grado en nuestras narices y escotes que acentúan nuestro grado de guirismo en este pequeño gran país.

Pues sí, llegamos a Cochabamba. No una sino dos veces. Y vamos a por la tercera (Evo querido, ¿no podías votar en la capital como todos los presidentes?) De momento, no podemos decir que la 'ciudad de la eterna primavera' nos recibiera con los brazos abiertos...


... en contra de lo que pueda parecer.

Nuestra primera incursión en Cochabamaba tuvo que ver con la época de lluvias y el mal estado de las carreteras, pero no entraremos en detalles para no herir la sensibilidad de algunos de nuestros lectores (¡hola mamá!). Lo dejaremos en que era mucho más práctico dar un rodeo y pasar por Cochabamaba para ir de Potosí a Santa Cruz que hacer el camino normal pasando por Sucre. Así que Sucre -por cierto, capital constitucional de Bolivia, de lo que se entera uno...- para otra vez. Mientras... ¿querías Cochabamba? Pues toma dos tazas.

La segunda vez ya pudimos constatar que Cochabamba es una ciudad bonita, aunque un poco descuidada, y bastante animada. Allí pudimos reencontrarnos con Doris, compañera de batallas (y de todo terreno) en el salar de Uyuni, que nos invitó a un café y pastelitos alemanes y nos regaló unas pastas para el viaje.

Y por supuesto, no nos fuimos sin realizar nuestro particular homenaje a los caídos por la causa...

Y hablando de homenajes...

Triángulo de amor bizarro


Mucho antes de llegar a Cocha (afortunadamente aquí hasta las ciudades tienen diminutivo), nos despedimos de nuestra trilliza. La despedida fue casi tan bizarra como nuestro triángulo de amor viajero y estuvo acompañada de una nebulosa que debemos achacar a los más de mil kilómetros que nos hicimos en 4x4 atravesando el desierto y sin pisar una sola carretera durante los tres días anteriores. Y al soroche, por supuesto.

En Uyuni Carla nos dijo adiós y puso rumbo a sus obligaciones...

Ains, ¡cómo te echamos de menos ruuuuuubiaaaaaa!